Mi primer amor

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La mayoría de las personas sueñan con encontrar el amor. Muchas lo consiguen, pero para muchas otras, todo se queda en un sueño. Yo fui una de esas personas afortunadas a las cuales el amor tocó a su puerta, pero no fue un amor cualquiera. Fue un amor intenso. De esos que hacen que se te pare la respiración y te dejan sin aliento. Hoy quiero contaros la historia de mi primer amor.

Cuando eres pequeño no reconoces el amor hasta que lo ves con tus propios ojos. No sabes lo que es porque no lo entiendes, pero lo sientes en cada centímetro de tu piel que se eriza al pensar solo en él.

Me enamoré profundamente. Me enamoré como jamás pensé que podría enamorarme. Fue un amor loco, de esos que jamás olvidas y que aunque pasen los años siempre recordarás con una sonrisa.

Me enamoré de viajar. Un amor que estoy segura me ha pasado mi padre, porque el amor también se contagia.

Cuando era pequeña me pasaba horas mirando las fotografías que guardaba mi padre de su vuelta al mundo, y yo soñaba con poder continuar esa gran aventura. Recuerdo perfectamente como sus ojos brillaban cuando me contaba historias de las diferentes ciudades y rincones que había conocido.

Sin conocer el mundo, o conociéndolo muy poco, estaba perdidamente enamorada de él.

Y así como es el amor, si lo alimentas de ilusión, va creciendo. Poco a poco fui enamorándome más.

Siempre recordaré mis primeros viajes con música de los 80s de fondo ¡cómo olvidarlos! La fotografía de este post ha capturado perfectamente la esencia de esos momentos tan especiales. Mis padres solían poner un colchón en la parte de atrás del 4x4 para nuestros largos viajes de carretera. También recuerdo los viajes de primos que hacíamos. Nuestras expediciones domingueras acompañadas de una buena dosis de comida libanesa hecha por mi Sitti (que significa abuela en árabe). Hay amores que nunca se olvidan, y este es ese tipo de amor.

Dicen que por amor se hace cualquier cosa. ¡Y vaya que lo hice! Sobre todo cuando me embarqué en la mayor aventura de mi vida hace casi ocho años, cruzar el océano para cumplir uno de mis sueños desde que tengo uso de razón, vivir en Europa. Lo que sentía en el estómago no eran mariposas, era mucho más. Era emoción, locura y ganas de vivir una nueva aventura.

Cada ciudad que conocí, cada rincón que descubrí, cada persona que se cruzó en mi camino tiene un pedacito de mí.

Dedico este post a todos aquellos que están locamente enamorados del mundo. A los que aman viajar, a los que se emocionan cuando pisan una ciudad nueva o simplemente disfrutan sintiéndose ciudadanos del mundo.

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